Por: Xareny lemus

Durante la pandemia, Josué Ramírez decidió iniciar su proyecto musical desde la intimidad de su habitación. Aunque el rock alternativo en México suele tener como principales focos a Ciudad de México y Monterrey, el artista tijuanense optó por explorar un camino distinto: combinar post-punk, sonidos del regional mexicano y programaciones electrónicas. Esta propuesta poco convencional logró conectar con miles de jóvenes de la frontera que comparten sentimientos de soledad, introspección y constantes cuestionamientos.

En entrevista con El Universal, Josué explica que la identidad del tijuanense es particularmente compleja, ya que muchas personas han cruzado hacia Estados Unidos durante toda su vida por diferentes motivos. Esa dinámica genera una mezcla cultural muy rica. Describe a Tijuana como una ciudad industrial pero también profundamente bohemia, lo que ha permitido el surgimiento de numerosos artistas y bandas a lo largo del tiempo. Para él, es un lugar que merece mayor atención.

Su proyecto no parte únicamente de la influencia nostálgica de bandas como Joy Division o The Cure, aunque reconoce su presencia. Más bien, surge de imaginar cómo sonaría ese post-punk melancólico, frío y cargado de emoción si hubiera nacido en la frontera norte de México, en un entorno rodeado de música sierreña, acordeones, dramatismo regional y una ciudad marcada por el cruce constante de dos culturas.

Durante años, unir el regional mexicano con el dark o el post-punk habría sonado impensable, como si se tratara de universos completamente distintos. Sin embargo, para Josué esa división nunca fue real, ya que ambos estilos han estado presentes en su vida desde siempre.

Su manera de interpretar, componer y producir está influenciada por la intensidad del sierreño, la vulnerabilidad de las letras regionales y la atmósfera sombría del post-punk. En sus temas, el bajo ocupa un lugar central, las guitarras mantienen líneas melódicas, las baterías suelen ser electrónicas y, de repente, surge un acordeón que deja claro que esta propuesta no nace en Manchester, sino en México.

En una etapa en la que varias bandas del nuevo rock alternativo mexicano han optado por regresar al inglés, La Texana elige el camino contrario. Para Josué, cantar en español no es una coincidencia, sino una postura deliberada que responde a su identidad y sentido de pertenencia.

“Disfruto muchísimo la música en español porque me representa mucho más. A veces escucho propuestas en inglés que considero menos interesantes que varias hechas en español, pero simplemente por estar en nuestro idioma no alcanzaron la misma proyección. Para mí es fundamental reconocer de dónde vienes y llevar esa identidad lo más lejos que se pueda”.

Lo que empezó como un proyecto de bedroom pop ha evolucionado hasta lograr un Lunario con entradas agotadas, presentaciones en festivales como Marvin y Viva Pomona, y ahora se encuentra afinando detalles para llevar su disco al Teatro Metropólitan este 28 de febrero.

“Sé que en el Metropólitan no habrá slam ni gente empujándose, algo a lo que estoy muy acostumbrado, pero eso no significa que vaya a ser un concierto pasivo. Mi intención es que el espectáculo tenga la mejor calidad posible en sonido y producción, y que el público lo viva a su manera”, asegura.

Nos vemos este sábado 28 de febrero en el Metropólitan junto a Josué.

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