Este 31 de octubre, el Palacio de los Deportes, se prepara para recibir a Steven Patrick Morrissey. El ídolo de la melancolía, nacido en Manchester, regresa a la CDMX como parte de su gira actual. Ver a Moz en vivo (cuando no cancela), siempre es algo que vale la pena.
No se puede entender la música alternativa sin The Smiths. En plenos años 80, cuando dominaba el pop sintético y brillante, ellos salieron con guitarras llenas de reverb (gracias, Johnny Marr) y letras que hablaban de soledad, de sentirse fuera de lugar y de un romanticismo trágico. Fueron la voz de los misfits. Su influencia es gigante: desde Radiohead hasta The Killers, pasando por Oasis y todo el movimiento britpop, todos le deben algo a esos discos.
La conexión de Morrissey con México es profunda y un poco extraña. Es tan fuerte que incluso inspiró a la superbanda Mexrrissey, ese brillante proyecto que reinventó sus himnos tristes con ritmos latinos, demostrando que «Everyday Is Like Sunday» puede sonar perfectamente a cumbia o mambo. Es un nivel de apropiación cultural que pocos artistas logran.
Claro que Moz no se quedó en la nostalgia ochentera. Su carrera solista tiene himnos que resuenan igual de fuerte. Canciones como «Suedehead», «First of the Gang to Die» o «The More You Ignore Me, the Closer I Get» son clásicos por derecho propio. Tiene un catálogo vasto que justifica plenamente una noche entera en el Palacio.
Además, sus visitas a México siempre dejan anécdotas. Imposible olvidar su presentación estelar en el Vive Latino 2018. Fue un concierto memorable, famoso también por su clásica petición de que no se vendiera carne en el recinto mientras él tocaba. Y si de momentos extraños hablamos, ¿quién recuerda esa misma visita cuando apareció, de la nada, en el programa matutino Sale el Sol? Ver al ícono del indie británico en un sillón de revista matutina mexicana fue surrealista y maravilloso.
Entonces, llegamos a la pregunta del millón: ¿Por qué seguimos queriendo a este señor que cancela conciertos con frecuencia y cuyas declaraciones públicas suelen ser complicadas? La respuesta es simple: porque sus letras nos dieron refugio. Nos hizo sentir acompañados en la tristeza, validó el sarcasmo y le puso palabras a sentimientos que no sabíamos cómo expresar. Morrissey es como ese familiar que a veces nos saca canas verdes, pero que escribió la banda sonora de nuestra vida. Y por eso, este 31 de octubre, el Palacio volverá a estar lleno de gente que adora lo que este hombre ha escrito a lo largo de su carrera.



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