Crónica de un concierto para amar sin pedir perdón
– Leo Cárdenas
[La crónica implica la experiencia y el corazón, por lo que se me hizo un formato perfecto para poder decirle a la gente que amen.]
Hay fechas que uno subraya sin saber por qué. Que se vuelven importantes aunque no tengan aún historia. El 4 de junio fue eso… y ahora ya tiene sentido. Por la mañana, el plan era sencillo (no fue) imprimía un par de fotos de la banda y conseguía flores para una cumpleañera de sonrisa suave y corazón intrigante—, sentía que estaba entrando a un capítulo nuevo.
Aquella persona permaneció relativamente poco tiempo ese día, pero un par de horas fueron lentísimas en ese momento <3. Yo me quedé con la ilusión de haber compartido aunque sea un ratito esa emoción. El resto del día se convirtió en otra cosa: un concierto de Cupido, la banda que desde hace tiempo me remueve el alma, que no solo me gusta… me enamora.
Porque Cupido no es cualquier banda. Es amor en estéreo. Es el resultado de una amistad que entendió que el cariño puede transformarse en arte. Y ahí está Pimp Flaco, mi artista favorito, ese Dani camaleónico que ya en 2018 con No sabes mentir nos hizo dudar del rumbo del trap. ¿El trap murió? ¿Mutaría? Pero no. Pimp y Cupido coexisten. Dos mitades que se complementan, como el deseo y el afecto, como la ternura y la perversión.
Cupido es una banda que se vive. Se respira. Desde sus letras hasta sus silencios, todo tiene una vibra sincera. No es solo música, es una declaración de principios: que aún existen espacios donde el amor puede cantarse sin ironía.
La cumpleañera me prestó su digi-cam —una de esas camaritas digitales que nomás usamos para las fotos familiares—, en mi mente era linda la idea de grabar a Cupido con un formato no tan actual Pero vistoso, y lo retro siempre vuelve, como las ganas de la generación de formar una familia tradicional católica, pero sin lo conservador, que en casos está muy extremo :0. Y tuvo su tiempo agarrarle la onda a la cámara, hasta momentos donde todo iba muy rápido y solo se me ocurrió puchurrarle todo o reiniciar para que volviera a la normalidad, cuando solo necesitaba entender un par de opciones. Como el amor: a veces no sabes cómo funciona, a veces todo se pixelea, pero cuando enfoca… uff, todo vale la pena. Toma su tiempo, pero algo te dice que vale la pena intentarlo.
Al llegar al Foro IR lo supe: algo importante estaba a punto de ocurrir, obvio no me lo reveló la fila que rodeaba la manzana. Afuera, puestos con merch piraña, reventa descarada… señales inequívocas de que algo tuvo éxito. Y claro, si Feid ya colaboró con ellos, no al revés, es porque Cupido llegó para quedarse.
Apenas comenzó el acceso, la gente lo sabía, lo gritaba: “CU-PI-DO, CU-PI-DO” mientras la emoción trepaba por las paredes como hiedra desbocada. «El amor es pico tres», gritaban, como si fuera un dogma, como si fuera lo único que importaba. Hubo gritos por Laberinto de amor, por Pico tres, y en mi cabeza sonaban también los últimos temas de Pimp solista, como Skate, Un parque o MMMUA. La comunidad de fans será pequeña, pero tiene un corazón inmenso, alzaban las manos emulando un < y un 3, un corazón ❤. Y en cuanto sonó el primer requinto de Galaxia, se me estrujo el alma. Porque no hay mejor manera de describir un beso que sentir que viajas con LSD, o más sano, solo viajar por el espacio, pero, ¿eso se puede? Sí.
El concierto fue una montaña rusa emocional: desde el mosh-pit de besos que se armó entre parejas, hasta el nudo en la garganta cuando sonó La pared. Con Telepatía hubo un pequeño fallo técnico, pero la conexión entre público y banda fue tan sólida que no importó. Como en el amor, cuando hay química, todo fluye. Y esa noche, Cupido nos hizo flotar.
No podía faltar No sabes mentir, pero el cierre llegó con Tu foto. Una canción que, incluso si estoy Sintigo, pega directo al pecho. Porque ese anhelo de amar, ese deseo de tener la imagen de quien quieres cerca… es universal.
Cantaron muchas, dejaron algunas fuera, pero nadie salió vacío. Fue hermoso. Ví muchas parejas, y sé que ese momento vivirá en ellas como un tatuaje invisible. Porque Cupido nos flechó, de verdad.
Y yo sé que la idea de un angelito en pañales con un arco puede sonar cursi o infantil, pero hay algo profundo en ese símbolo. En sentir. En dejar que algo te llegue al corazón y te transforme. Sea amor o su ausencia. Sea plenitud o vacío. Lo importante es no cerrar el pecho. Esa noche, todo el amor que a veces callamos existió sin límites. Y querer, amigos, debería permitirse siempre.
Gracias, Cupido. Te queremos mucho. ❤


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